Partir para no volver

2 04 2014

 

Algo que me apasiona y a la vez me relaja, es poder visitar lugares que han sido abandonados. Pasear por esos lugares imaginando quién vivía allí, como era la vida en otros tiempos, los artilugios que tenían, las penurias que podrían pasar al no tener los avances o comodidades de las que podemos contar hoy en día, imaginar a los niños correteando por las calles, quizás con sus bicicletas, ese grupo de señoras sentadas a la puerta de sus casas manteniendo conversaciones del día a día o del como vivían sus padres, abuelos, ….

La pena, es que por alguna extraña razón que escapa a mi raciocínio, es porqué hay gente a la que le gusta destrozar, pintar y destruir estos lugares simplemente por pura diversión. Cada uno de estos sitios, en mayor o menor medida, son parte de nuestra historia. Me parecen tremendamente ignorantes quién acaba con estos lugares por mera…. ¿Diversión?, no lo entiendo.

En esta ocasión tuve la ocasión de visitar un pequeño pueblo que en su día se construyó para albergar las familias de los jornaleros que trabajaban las tierras del Marqués del lugar. Un pueblo con su bar, su escuela, iglesia, ….. que al ir perdiendo la agricultura su valor, fué quedando abandonado. Los último moradores, partieron del Alamín en el año 2000.

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